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Sobre el autor
Licenciado en Economía por la Universidad de Málaga y actualmente
terminando la carrera de Dirección y Administración de Empresas en la
Universidad de Windesheim, en Zwolle (Países Bajos). Terminó el 1º curso
completo en Arquitectura, Universidad de Málaga (2006-2007). Tiene
estudios de primer curso de Licenciatura en Sociología en la Universidad
Nacional de Educación a Distancia.
Fue Becario-Investigador de Colaboración en el departamento de
Economía Aplicada (Política Económica) en la facultad de Ciencias
Económicas y Empresariales, Universidad de Málaga, desde octubre 2010 a
junio de 2011, en la línea de investigación de Desigualdad Económica.
Fruto de la investigación fue el artículo académico “Distribución de la
renta, crecimiento económico e intervención del Estado en España
(1998-2009)”.
Miembro de ATTAC-España, escribe también en http://www.attac.es/. Fue
tesorero de la Asociación de Estudiantes por una Economía Crítica de
Málaga, desde septiembre 2007 a marzo 2008 y presidente de la misma
asociación desde marzo 2008 a marzo 2012. Coordinador y miembro del
consejo de redacción de la revista “Economía Crítica y Crítica de la
Economía” (http://www.economiacritica.net). Coordinador y miembro del consejo de redacción de la página Web“Economía Crítica Málaga” (http://malaga.economiacritica.net) y su versión impresa “ContraEscuela”. Coordinador de la revista digital “Altereconomía” http://www.altereconomia.org/.
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Desde los altos círculos de poder, y especialmente a través de los
medios de comunicación, se intenta expandir sutilmente la idea de que
todos hemos tenido responsabilidad en la gestación y desarrollo de la
crisis económica española cuyos efectos impiden hoy día que la actividad
económica se recupere. Se nos dice que “todos hemos vivido por encima
de nuestras posibilidades”, con la intención de generar un sentimiento
de culpabilidad que nos predisponga a aceptar los sacrificios que se nos
imponen. Según esta visión, puesto que todos hemos cometido excesos,
todos debemos pagar ahora un precio por ello. Este mensaje ha tenido un
notable éxito en la sociedad española, teniendo como resultado que
muchas personas acepten sin rechistar el recorte de derechos sociales y
laborales, limitando así el grosor poblacional que se rebela y protesta
frente a este tipo de medidas.
El triunfo de este mensaje contrasta con el respaldo argumentativo
que le subyace. Y no es para menos: la evidencia empírica y los datos
estadísticos no apoyan en absoluto el contenido de esta idea; sino que
precisamente lo contradicen. Un simple vistazo a ciertos indicadores
económicos de nuestra economía nos revelará una realidad muy diferente a
la que nos intentan reflejar: no todos hemos vivido por encima de
nuestras posibilidades, sino que son las grandes empresas y los hogares
más ricos los sectores que lo han hecho. Demostrarlo es bastante
sencillo y es lo que se abordará en este post y en el siguiente.
Uno de los mayores problemas de la economía española es su
sobreendeudamiento, ya que impide que los agentes endeudados puedan
contribuir positivamente a la recuperación de la actividad económica
(cualquier ingreso que reciban será destinado principalmente a reducir
su deuda y no a invertir o consumir, y así será hasta que deje de
suponer una carga importante). Según los últimos datos del Banco de España, la cantidad de deuda total de la economía española
(la suma de valores distintos de acciones y el saldo vivo de préstamos)
alcanzaba a finales de 2011 los 4,3 billones de euros (un 402% del
PIB). De esta cantidad total, la deuda de las administraciones públicas suponía
el 77% del PIB, mientras que el resto (325% del PIB) correspondía a la
deuda privada (de familias y empresas). Esto significa que del total de
la deuda española, sólo el 19,1% es deuda atribuida a las arcas públicas
y el 80,9% es deuda contraída por las familias y las empresas.
Aquí ya tenemos un dato curioso: la mayor parte del problema del
sobreendeudamiento español corresponde al sector privado, y no al
público. Esto contrasta con la idea que se transmite a través los
grandes medios de comunicación donde los debates se centran en torno a
la deuda alcanzada por las administraciones públicas, y nunca (o muy
pocas veces) en la privada. La deuda pública en teoría puede
relacionarse con un exceso de todos los ciudadanos, ya que se puede
entender que el Estado se endeuda para mejorar las condiciones de vida
de la población. No obstante, no podemos olvidar un factor muy
importante: la deuda pública se ha mantenido constante a lo largo de mucho tiempo e incluso comenzó a descender
a partir de 2004. Su aumento a partir de 2007 se debe a los rescates
bancarios, y a la pérdida de recaudación derivada de la recesión
económica. El endeudamiento público, además de presentar un porcentaje
pequeño sobre el total de la deuda, no aumentó durante el boom
inmobiliario. Por todo ello, no tiene sentido atribuirle a las
administraciones públicas responsabilidad alguna en este reciente
sobreendeudamiento de la economía española.
Dejemos a un lado, entonces, la deuda pública y centrémonos en la
privada (formada por la deuda de los hogares y la de las empresas). La
deuda de las familias representaba el 83% del PIB, mientras que la deuda
empresarial alcanzaba el 243% del PIB. Esto supone que, una vez
considerada en solitario la deuda privada, solo el 25,5% pertenece a los
hogares, mientras que el restante 74,5% es de las empresas.
Esto quiere decir que la mayor parte del problema de la deuda privada
es atribuible a las empresas españolas. Las empresas se han endeudado
en cantidades muy superiores a las realizadas por las familias
españolas.
El análisis de la deuda de las familias –que nos revelará que dentro
de este sobreendeudamiento han destacado las familias más ricas– será
llevado a cabo en el siguiente post. Ahora nos centraremos en la deuda
empresarial.
Si estudiamos el endeudamiento de las empresas atendiendo al tamaño
de las mismas descubriremos un dato muy llamativo: el 95% de toda la
deuda empresarial española corresponde a las grandes empresas (más de
250 empleados).
Es decir, casi la totalidad de la deuda contraída por las empresas
españolas es atribuible exclusivamente a las grandes empresas. Las
empresas no financieras invirtieron masivamente (y utilizando
especialmente técnicas de apalancamiento –esto es, recurriendo a
endeudarse) alrededor de dos conceptos: la vivienda y la diversificación
internacional. Las empresas financieras asumieron enormes riesgos
también a través de operaciones que eran mucho más rentables cuánto más
recurrieran al endeudamiento. Es obvio que este tipo de actividades
están más fácilmente al alcance de las grandes empresas, que cuentan con
más y mayores recursos y medios que empresas más pequeñas. Para un
mayor análisis de las inversiones de las grandes empresas leer este
artículo de Juan Laborda: “Sí, en España la élites vivieron por encima de sus posibilidades”.
Ahora bien, si queremos saber cuántas grandes empresas existen en España puede que nos llevemos otra sorpresa. Según datos del Instituto Nacional de Estadística,
solamente 4997 empresas de las 3.250.576 empresas que hay tienen más de
200 empleados (INE no clasifica por 250 empleados, como hace el Banco
de España). Es decir, solo el 0,153% de todas las empresas españolas
tiene más de 200 empleados. Deducimos por lo tanto que el 95% de toda la
deuda empresarial española pertenece a menos del 0,153% de las empresas
españolas. Son solo unas poquísimas empresas las que se han excedido e
hinchado el sobreendeudamiento empresarial español.
La constatación de esta concentración de las deudas en tan pocas
grandes empresas es totalmente contraria al mensaje extendido de que
“todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Una vez
recurrido a los indicadores económicos oficiales no queda más remedio
que dar por falsa esta idea. Los datos demuestran que una parte muy
importante del problemático sobreendeudamiento de la economía española
es atribuible únicamente a las grandes empresas españolas. Por lo tanto,
podemos y debemos decir valientemente y sin miedo que han sido
principalmente las grandes empresas las que se han endeudado en
cantidades astronómicas y las que han vivido por encima de sus
posibilidades.
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